jueves, 10 de mayo de 2012

Realidad o meras percepciones

Seguramente no nos paramos de la misma forma frente a la misma situación.
Seguramente no contemplamos el mismo objeto desde el mismo ángulo.
Seguramente la realidad nos trasciende, existe más allá de nosotros, pero el percibirla distinto nos lleva a infinitas concepciones, infinitas realidades. 
No tengo objeción contra las diferencias. Por el contrario, abogo a favor de los matices y las variedades. El universo es demasiado vasto para limitarlo -a pesar de que esta consista la empeñada tarea de muchos, en verdad es un emprendimiento inútil-. 
Creo que la variedad enriquece; la misma escena fotografiada desde distintos ángulos puede llevarnos a descubrir mundos impensados. 
Sin embargo, pareciera que la diferencia divide. Ante la diversidad de colores terminamos optando por el blanco, o el negro. Por alguna razón la multiplicidad de percepciones nos alejan, nos enemistan.
Si hoy pudiésemos abstraer de cada uno de los conflictos humanos sus circunstancias particulares, nos encontraríamos con la misma raíz, la misma causa: percepciones distintas de la realidad.
Es fascinante y tortuoso a la vez observar los conflictos desde afuera y poder encontrar los malentendidos y las malinterpretaciones de cada una de las partes. Es fascinante que termine siendo tan simple; y tortuosa la impotencia de no poder hacer nada al respecto. Porque la postura del observador rara vez convencerá a los involucrados; el formar parte de las circunstancias nos impide ver más allá. 
Cuando me refiero a las percepciones no quiero implicar a la cultura. Es verdad que el proceso de socialización, nuestro contexto, nos llevan a ver y leer la realidad a través de una lente particular. Respetando las diferencias culturales, sociales, generacionales, pretendo llegar más allá. Quiero encontrar aquello que nos une, no lo que nos separa.
Porque más allá de toda diferencia, todos sentimos dolor, placer, angustia, felicidad. Probablemente sentimos distinto frente a las mismas circunstancias, pero el dolor nos duele a todos, y el placer nos regocija. Cuando lloramos angustiados podemos estar seguros de que todos alguna vez se sintieron igual de desamparados. Cuando reímos hasta caer tendidos la sensación es una, y experimentar la felicidad nos ilumina a todos por igual. 
Quizás hay una constante en las percepciones. 
Quizás en las diferencias encontremos la esencia que nos une.
Escribo por ella.


Photo by Augusto Maffi

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