Un día más entre
murallas de cemento grisáceo gastado, calles angostas y sucias, y transeúntes
que corren carreras de obstáculos, o carreras contra el tiempo, o quizás ni
siquiera corren carreras, porque desconocen cuál es su meta.
Una tarde más de
aire pesado, sobrecargado de humos contaminados y pestes, y de gritos y de
insultos lanzados sin razón, y de caras cansadas, y de rostros desanimados, y
de cuerpos consumidos por el ir y venir, sin saber hacia dónde ni por qué.
Tantos ruidos que
ensordecen y turban y confunden. Ojalá pudiera callarlos y así escuchar la
música de los seres en armonía.
Tantas imágenes
difusas que desconciertan y desvían. Ojalá pudiera pintarlas con los colores de
la vida. Y escribir un mensaje de paz, o cantarlo, o gritarlo, y hacerlo vibrar
en cada rincón del universo cósmico.
Quisiera ayudarte
a despertar de ese largo sueño que te tiene sumido en tantas tribulaciones y
preocupaciones mundanas.
Quisiera abrirte
los ojos a la luz que primer enceguece pero luego purifica.
Quisiera llevarte
la felicidad eterna de vivir cada instante como un momento sagrado que forma
parte de la historia de toda la humanidad.
Quisiera que
sientas la energía que quema por dentro cuando se entra en contacto con la
verdadera esencia, con el origen de todas y cada una de las criaturas, con el
principio y el fin de las causas y los efectos, con la unión de los opuestos en
perfecta armonía, la conexión de todos los seres como parte de un todo.
Porque sí tienes
una meta y tu papel en esta Historia es único y sólo tuyo. Debes descubrirlo y
dejarte llevar hacia tu misión. Ella fue escrita en el inicio de todo en tu
esencia, y permaneció allí durante miles de años y miles de vidas. Una y otra
vez la buscaste, y cuando creíste encontrarla volviste a nacer y el mundo se
encargó de que la olvidaras, y caíste nuevamente en el sueño de las apariencias
y los personajes, toda una obra de teatro montada por el Ego y a la que sueles
llamar “el mundo real”.
Despierta de ese
sueño de ilusiones y encuentra tu esencia. Conéctate con la búsqueda cósmica de
la Verdad, que lo Trascendente no es lo real ni lo concreto… y los sentidos son
meros instrumentos terrenales. Utilízalos para apreciar la manifestación divina
en la naturaleza en cada ser.
Escucha el viento
soplar por entre las hojas de los árboles, aspira el aire puro de la montaña y
llena tus pulmones de vida y energía, siente el agua correr por tus manos y
observa los colores de la vida.
Descubre en cada
ser una parte tuya y ámalo como tal.
Ve dentro de cada
niño a un maestro y respétalo, porque deberás aprender de ellos.
Observa el alma a
través de la mirada y siente la vibración de cada ser que te rodea.
Todo el universo
es una sinfonía de vibraciones, procura armonizarla y equilibrarla. Aprovecha
cada situación como una oportunidad para evolucionar.
No te pierdas en
tanto engaño y tantas mentiras.
No establezcas
prejuicios ni modelos; en lo diverso encontrarás lo único.
No busques tu
identidad en otros.
Tu verdad, LA
Verdad está más cerca de lo que crees…
De hecho, yace
dentro de ti.
Mi lugar de paz.
(Vista de la ciudadela de Machu Picchu
desde el Cerro Wayna Picchu)